La obsolescencia de lo humano: Günther Anders y la técnica como ascendencia
"Ya no estamos a la altura de lo que somos capaces de hacer".
Vivimos en una época extraordinaria. Cada día, el ingenio humano supera sus límites: máquinas que aprenden, inteligencias artificiales, tecnologías que cambian la vida. Sin embargo, algo no cuadra. Cuanto más crece nuestro poder técnico, más perdidos nos sentimos. Cuanto más construimos, más nos damos cuenta de que no sabemos realmente qué hacer con ello. ¿En qué punto estamos perdidos?
Günther Anders se dio cuenta antes que muchos otros: la técnica no es neutraly ni siquiera está bajo nuestro control. Es una fuerza que corre más rápido que nuestra conciencia, más rápido que nuestro corazón.
La diferencia de Promethean
Anders llamó a esta fractura "Desnivel prometeico"La desproporción entre lo que el hombre es y lo que es capaz de producir. Nuestros inventos nos sobrepasan, nos superan, se hacen más grandes que nosotros. Por eso, en lugar de sentirnos orgullosos de ellos, nos avergonzamos. Es la "Vergüenza prometeica"Nos sentimos inadecuados ante lo que nuestras manos -y nuestras máquinas- pueden generar.
Pero no es una vergüenza cualquiera. È una crisis de identidad humana. El hombre, de sujeto de la historia, corre el riesgo de convertirse en instrumento de su propia técnica. Asistimos a una inversión: ya no somos nosotros los que utilizamos las herramientas, son ellas las que nos utilizan a nosotros.
¿La técnica como destino?
El problema no es la técnica en sí, sino la absolutización de la técnicasu elevación a un nuevo criterio de verdad. Si algo es técnicamente posible, hay que hacerlo. Y punto. De este modo, la cuestión ética - ¿es correcto? ¿es necesario? ¿es humano? - es marginado, excluido del proceso de toma de decisiones.
Anders nos previene contra esta deriva: cuando la técnica se convierte en un fin en sí mismala humanidad se sacrifica en nombre de la eficacia, el progreso, el rendimiento. Pero, ¿de qué sirve un mundo eficiente si ya no sabemos para quién o por qué debe funcionar?
De la obsolescencia humana a la posibilidad de un nuevo comienzo
El título de su obra más famosa es La obsolescencia del hombre. Pero no es una condena, es una provocación. Anders no dice que estamos acabados: nos dice que debemos preguntarnos de nuevo qué significa ser humanohoy. En la era de la inteligencia artificial, el control automatizado, la producción sin límites... ¿cuál es el lugar del alma? ¿Cuál es el límite entre lo que podemos y lo que debemos?
No hay una respuesta fácil. Pero hay una dirección: frenar, sentir, discernir. Volver a poner la conciencia en el centro, y no dejarla al final de la lista. Porque si el corazón no sigue el ritmo de la mano, lo que construimos corre el riesgo de convertirse en una trampa.
La responsabilidad de sentir
Anders nos invita a una tarea difícil pero esencial: hacernos dignos de nuestras posibilidades. No con miedo, sino con responsabilidad. No con nostalgia, sino con una nueva imaginación ética.
Porque a lo mejor no estamos obsoletos: sólo estamos dormirse.
Y despertar, hoy más que nunca, es una elección radical.




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